viernes, 10 de diciembre de 2010

Los domingos nunca dormía...

...y los lunes lucía unas enormes y preciosas ojeras. Le encantaban las ojeras. La gente con ojeras. Los animales que parecía que tenían ojeras. Y las orejas. Las orejeras. Las palabras que rimaban con orejas, con ojeras, y con lentejas. Sí, le gustaban las lentejas. Una vez pensó en lo gracioso que sería estar comiéndose un plato de lentejas y encontrarse una oreja con ojeras flotando en el. Rió como loca al imaginárselo, y disfrutó de lo lindo cuando se percató de cómo la gente que pasaba por la calle la miraba de forma extraña. "Deben tener envidia de mis orejeras." Pensó, y eso le hizo reír más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario